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Filosofía de la lectura o “del vicio de leer y no leer”

La Lectora Profesional, nuestra querida defensora de la cultura en todas sus formas, parte de la idea de que leer mola. Leer mola y, además, los humanos necesitamos historias. Por eso ha desarrollado su taller de filosofía de la lectura.

Nos explica en detalle, entre preguntas y filosofismos, la importancia de la lectura para los niños y niñas.

Como siempre la curiosidad y el asombro se expresa con una pregunta: ¿Qué significa “Filosofía de la Lectura”?

Y sobre todo: ¿Para qué?

Y es que, como dicen en la Escuela Andaluza de Artes Mágicas: “la magia es incluso para peques”. Lo mismo podríamos decir de la filosofía: el mejor público es el que aún no está contaminado por la prisa, la previsión y “lo serio”, es decir, la infancia.

Las familias sabemos que es una tarea titánica la de aquella maestra o aquel maestro que quiere acompañar el proceso lector de su alumnado, facilitando el desarrollo autónomo de su deseo.

Photo by Josh Applegate on Unsplash

Los planes educativos convencionales seccionan, miden y valoran “cuantitativamente” la capacidad “lectora”. Entre muchas comillas, porque juntar letras, reproducirlas en alto y comprender significados aislados e inconexos, muchas personas no lo identificaríamos como una “experiencia lectora”.

El horizonte lector es amplio, como “ancha es Castilla, amigo Sancho” y nuestro artefacto favorito para este viaje es el “libro”, y entre los posibles tipos —especialmente indicado para primaria— es el álbum ilustrado.

Ahora bien, que conste que “leemos” textos, imágenes, gestos, códigos y un sinfín de relaciones entre ellos. Vamos a darnos un respiro y probar a disfrutar de la lectura de un álbum sin texto, como “Sombras” de Suzy Lee (BFE), por ejemplo. Escuchad el rumor de la imaginación del peque que lo sujeta. ¡Magnífico!!

Filosofar desde, para, por, según y sobre la lectura es un acercamiento entre historias: la que descubrimos en un libro, la que se desvela cuando la compartimos con otras lectoras, la que surge y se desarrolla en ese diálogo y en la comparación entre la experiencia de los personajes y la nuestra propia…

Y para eso salimos del orden lógico-racional tan operativo en nuestro día a día productivo, pero letal para coger el “hábito lector”.

Photo by Picsea on Unsplash

¿PARA QUÉ QUEREMOS QUE LEAN NUESTROS PEQUES?

Hablamos sobre lo leído. Escribimos o producimos juegos y dinámicas asociadas al contenido. Bien, pero ¿y si no sale nada? ¿Y si nuestros peques ven un abismo entre “su” experiencia lectora y lo que esperan “sus” mayores que hagan después? ¿Podemos permitirles retroceder, tomar perspectiva y coger carrerilla e impulso para el salto?

Leer es una enfermedad, una locura, una adicción. Y el objetivo de estas sesiones es infectar a lxs peques con el virus del pensamiento crítico desde la lectura, el juego y los secretos.

Photo by J. Borba on Unsplash

Podemos preguntarnos además ¿qué buscamos en una actividad “extraescolar” o no reglada?

Que sea complementaria al currículo, que fortalezca aquellas competencias que consideramos virtuosas (deporte, lengua extranjera, estimulación cognitiva), pero en todas “necesitamos” leer. Es una habilidad transversal.

Y sin embargo: ¿se puede forzar el amor? No. ¿Se puede acelerar el crecimiento de una flor? No. ¿Se puede obligar a llorar por la belleza de una poesía? No.

¿Qué entendemos por animación a la lectura? ¿Recitar de memoria poemas de Lorca? ¿Disfrazarnos de animales de granja con globos y galletas a juego? No.

Lo más radical que se puede hacer con nuestros peques es escucharlos. Sin juicio. Sin solución. Y para esto no estamos entrenadas.

Las pocas herramientas con las que contamos en nuestra cotidianidad en la crianza ponen el acento en la “di-solución” del “conflicto”.

Nos cuesta aceptar y sostener un proceso dinámico y en constante cambio como es el crecimiento de un ser vivo que además queremos que sea un “sujeto libre”.

Porque…, ¿lo queremos? O quizás nos conformamos demasiado pronto con un “ser pasivo/sumiso”? ¿Aceptamos que nos cuestionen? ¿Podríamos leer a nuestros peques o comprarles un libro —si ya leen solos— cuyo contenido no nos satisface o incluso nos compromete o enfada?

Obviamente queremos ir más allá (aquí podría terminar la frase) del simple —y superficial— juicio: “¿Te ha gustado el libro?”. “Sí/No me ha gustado”.

Pero ¿les hemos ofrecido los ingredientes adecuados para que cocinen alguna receta alternativa? ¿Tenemos que esperar al comentario de texto previo a la universidad cuando ya es definitivamente tarde?

No. La habilidad lectora la podemos facilitar como hay tenedores y cucharas en el cajón de la cocina. ¿O les pedimos que coman solos sin darles cubiertos?

Photo by T. Hermans on Unsplash

No se trata solo de “ayudarles” a disfrutar le-yendo. Este camino es una autopista de doble dirección con tres carriles en cada una y cambios de sentido en distintos niveles. Nunca salimos del mismo punto y desde luego los destinos son infinitos e insignificantes a la par. Como dicen: “lo que importa es el camino”.

La Lectora Profesional

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